Si el ambiente ha sido carenciado en cuanto a ausencia de una experiencia de apego seguro durante un tiempo prolongado y en una etapa llamada periodo sensible (con lo que esto conlleva: satisfacción de las necesidades físicas y emocionales, comunicación empática, etcétera), las conexiones neuronales puede que sean escasas. El autor Linden nos lo explica en su libro, afirmando que “…los entornos carenciales reducen la complejidad dendrítica (las dendritas es una parte de una neurona que normalmente suele conectar con otra neurona mediante otra parte de ésta llamada axón) de las neuronas en la corteza cerebral y el hipocampo” La corteza cerebral es un área del cerebro en el que residen las funciones psíquicas superiores como el razonamiento, el juicio, la conciencia... El hipocampo es una estructura cerebral que cumple un papel fundamental para la memoria.
Ahora sabemos que a pesar de que existen periodos sensibles para el desarrollo cerebral en el que éste es más plástico, la plasticidad es una característica que se mantiene toda la vida. Con lo cual, los niños carenciados pueden recuperarse y avanzar en el desarrollo de distintas áreas como son el lenguaje, la cognición, la motricidad... La regulación emocional lleva más tiempo pero también es posible. Y esto es lo que nos da esperanza y lo que nos empuja a seguir trabajando con los niños día a día. Es muy importante ser comprensivos con estas carencias y evitar la sobreexigencia, entender que el niño necesita tiempo.
El autor Linden nos ofrece un experimento, el primero que se hizo, en el que se descubrió la plasticidad cerebral, pues hasta entonces, nos dice, era algo que no interesaba mucho a la comunidad científica. Se pensaba que el cerebro era un conjunto de conexiones que no cambiaban: "Cuando Marion Diamond y sus colegas de la Universidad de California, en Berkeley, analizaron los cerebros de ratas adultas que habían sido sacadas de sus aburridas jaulas individuales de laboratorio y trasladadas a un entorno enriquecido con juguetes, lugares que explorar y otras ratas, la comunidad científica se llevó una sorpresa mayúscula. Tras pasar varias semanas en un entorno enriquecido, las ratas fueron sacrificadas y sus cerebros preparados para ser examinados con el microscopio. En varias regiones corticales, las dendritas neuronales eran más grandes y presentaban más ramificaciones, un mayor número de espinas dendríticas como de sinapsis (conexiones entre neuronas), que las ratas que habían permanecido en las espartanas condiciones de las jaulas de laboratorio. Este hecho sugería que incluso el cerebro adulto tenía mucha mayor plasticidad de la que nadie se había atrevido hasta entonces a imaginar. Y lo que era aún más fundamental, se trataba de un proceso reversible"
Está claro que una persona no es una rata, pero tenemos bastante en común y los resultados son extrapolables. Lo que este estudio pone de relieve es que un medio con graves privaciones, al menos por un espacio de tiempo, puede producir una reducción en la complejidad de los circuitos corticales. Y de aquí ha nacido una nueva disciplina que está cogiendo un inmenso auge: la epigenética o la modificación de los genes por efecto de las variables ambientales.
Por lo tanto, en el caso de los niños víctimas de entornos maltratantes y carenciados, el ambiente ha tenido un peso enorme, más que el de la herencia, me atrevería a decir. En el trabajo con los niños en la consulta, observas a lo largo de los años que estos niños tienen una serie de problemas y dificultades similares y todos comparten experiencias adversas en los primeros años de vida.
El cerebro es plástico, luego el niño puede ir recuperándose si se ponen los medios educativos y terapéuticos a su alcance. Pero el cambio y el avance son lentos. ¿Por qué? Yo creo que porque si de por sí ya cuesta sacar adelante a niños que no han vivido carencias o malos tratos (porque somos una especie que nace en unas condiciones de prematuridad enormes y necesitamos el acompañamiento largo de unos adultos que nos ayuden a llegar a ser), imaginémonos en el caso de que nos encontremos con un cerebro carenciado con pocas conexiones u otro con unas conexiones relacionadas con los aspectos más básicos de la supervivencia como son las respuestas de ataque o huida. Modificar todo esto lleva tiempo, paciencia, perseverancia y esfuerzo. Pero es muy gratificante porque estos niños tienen una serie de aspectos positivos que a uno le agradan y le sorprenden, son lo que son, sin dobleces.